Qué es una longitud de onda
La luz viaja en ondas, y la distancia entre una onda y la siguiente se llama longitud de onda. Se mide en nanómetros (nm), que es una millonésima parte de un milímetro. Cada longitud de onda es un color distinto: el ojo humano ve desde unos 400 nm (violeta) hasta unos 700 nm (rojo). Por encima de los 700 nm empieza el infrarrojo, que no vemos pero sí llega a la piel.
La longitud de onda define dos cosas fundamentales: qué células la absorben y hasta qué profundidad llega. Por eso no da lo mismo un color que otro. Una luz azul y una luz roja con la misma potencia hacen cosas completamente distintas.
Rojo (620–660 nm): el corazón del tratamiento
Es la longitud de onda más estudiada para el cuidado de la piel. Llega hasta la dermis, la capa donde están los fibroblastos que producen colágeno y la red de vasos sanguíneos. Es la que estimula el colágeno, activa la circulación y calma la inflamación.
Si un dispositivo dice "luz roja" pero no especifica los nanómetros, desconfiá. Lo que buscás es un número entre 620 y 660 nm.
Infrarrojo cercano (810–850 nm): la luz que no se ve
El infrarrojo cercano (en inglés, NIR) no se ve, o se ve como un brillo rojo muy tenue. Penetra más profundo que la roja, por lo que complementa su trabajo en las capas inferiores de la piel y en los tejidos de sostén.
En los estudios clínicos sobre rejuvenecimiento, los mejores resultados suelen aparecer combinando rojo e infrarrojo. Un ensayo de 2007, controlado con placebo y a doble ciego, comparó luz de 633 nm, de 830 nm y la combinación de ambas en la cara: los tres grupos mostraron mejoras en arrugas y elasticidad frente al placebo, con aumento del colágeno en las biopsias.
Azul (405–470 nm): para el acné, no para las arrugas
La luz azul se queda en la superficie de la piel. Su efecto principal es antibacteriano: actúa sobre la bacteria que participa en el acné inflamatorio. Un estudio clásico de 2000 mostró que combinar azul (415 nm) y roja (660 nm) mejoraba el acné más que la luz azul sola.
Es útil si tenés brotes. No suma para arrugas ni para ojeras.
Amarilla o ámbar (585–605 nm): para la piel sensible
Hay estudios con luz de 590 nm que muestran mejoras en signos del fotoenvejecimiento, y se usa como complemento para calmar el enrojecimiento y la piel reactiva. La evidencia es más modesta que la de la roja. No es imprescindible, pero tampoco es relleno.
El mito de los "7 colores"
Muchas máscaras económicas prometen 7, 8 y hasta 9 colores: verde, violeta, celeste, blanco. Para la mayoría de esos colores no hay evidencia sólida en el cuidado de la piel. Pero el problema no es solo que no sirvan: un dispositivo tiene una cantidad limitada de LEDs y de potencia. Si la reparte entre siete colores, a cada color le toca mucho menos. Es decir, más colores casi siempre significa menos luz roja.
