La luz roja y la microcorriente de uso en casa son tecnologías seguras cuando se usan como corresponde. Igual, hay situaciones en las que conviene consultar antes con un médico.
Cuidado de los ojos
La luz roja de uso cosmético no es dañina para los ojos: es luz visible de baja potencia, sin radiación ultravioleta. Lo que cambia de un dispositivo a otro es su potencia y el tipo de luz que emite, y por eso conviene distinguir:
- Dispositivos para el contorno de ojos. Están diseñados para usarse alrededor de los ojos, con una potencia pensada para esa zona. Las gafas Redermis, por ejemplo, emiten luz roja de baja potencia: no es dañina aunque la veas encendida, y podés usarlas con los ojos abiertos o cerrados, como te resulte más cómodo.
- Paneles y dispositivos de alta potencia. Concentran mucha más luz, a veces con infrarrojo intenso, que no se ve. En estos casos se recomienda no mirar la luz de frente y usar la protección que indique el fabricante.
- Luz azul intensa. Es la que más conviene no mirar directamente durante tiempo prolongado.
Como regla general, seguí siempre las indicaciones del fabricante de tu dispositivo.
Consultá con tu médico antes de usarlo si:
- Estás embarazada o en período de lactancia (no hay estudios suficientes en estas etapas).
- Tenés epilepsia o sensibilidad a la luz (especialmente con modos de luz intermitente).
- Tomás medicamentos fotosensibilizantes, como la isotretinoína o ciertos antibióticos.
- Tenés una enfermedad que cause sensibilidad a la luz, como el lupus.
- Tenés lesiones de piel sin diagnóstico o antecedentes de cáncer de piel.
- Te hiciste hace poco un tratamiento estético como peeling o láser.
En el caso de la microcorriente, además:
- Si tenés marcapasos u otro dispositivo electrónico implantado, no la uses.
- Evitá la zona si tenés implantes metálicos en la cara o heridas abiertas.
Cuándo suspender
Si notás ardor, irritación persistente, calor excesivo o cualquier reacción que no tenías, suspendé el uso y consultá.
